La web de Juan Planas Bennásar
Un viaje literario fuera del tiempo
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Mi Weblog Diario Personal |
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Revista Literaria Permanente
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NOVEDAD: de PUERTAS ABIERTAS - Libros Gratis -
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Juan Ramón, Borges, Eliot, Ezra Pound, Rimbaud, Georges Bataille, Góngora, Benedetti, Octavio Paz, Cortázar, Quasimodo, Celan, Ungaretti, Artaud y otros...
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Me llamo Juan Planas Bennásar.
Nací en Mallorca, una isla como otra cualquiera, un universo cerrado que para sobrevivir necesita abrir sus puertas y comprender que existen otros mundos exteriores... e interiores. En esas estoy. Esta Web recoge muchos de mis textos, pero eso no sería suficiente para convertirla, como deseo, en un lugar de encuentro, una aduana sin peajes en el complejo laberinto de la Red. Para ello, he ido elaborando una Revista Literaria, con material y textos permanentes - Puertas Abiertas - que va creciendo, poco a poco, con vuestra colaboración. Y su extensión natural: Los Digitales, algo así como nuestra Biblioteca... ¡Nos leemos!
Mis Libros
Hipertelía, Ed. Biblioteca Atlántida. Barcelona, 1982
Pasión Impresa, Editorial Devenir. Barcelona, 1985
Insomnios. Editorial La Bolsa de Pipas, Palma de Mallorca 2003
Fuera del Tiempo, Editorial La Bolsa de Pipas, Palma de Mallorca, 2004
Alrededores o La Mansión de las Luciérnagas, Calima Ediciones, Marzo 2006
Los Pliegues Ocultos, Calima Ediciones, 2006.
Duellum, Editorial La Lucerna, 2006.
El Bálsamo de la Indiferencia, Calima 2008
Descarga mis libros Insomnios y Fuera del Tiempo
Editorial La Bolsa de Pipas, 2003 y 2004, en Pdf, si quieres.
Participación en Antologías
©Juan Planas Bennásar
Cántico Intermitente (Fragmento)
Ahora la parálisis. No queda señal alguna
del pasado en el rostro, sólo la tez amarillenta,
el cabello raído, las uñas huérfanas, el olor
próximo de la muerte y lejano de la biografía.
Todo tiene su nombre. Postración. Inercia.
Decrepitud. Vejez, acaso. Pero todo va perdiendo
sentido y los sentidos corren lejos, se esconden
como niños traviesos entre los cortinajes de la amnesia
y el aire a pergamino de la habitación cerrada.
Se balancea el mundo o es la bombilla la que gira
por entre las migajas de pan abandonadas
sobre la mesa. Hay tiempo de estrechar la invisible
mano tendida, de besar la frente, de reponer
la larga hilera de recuerdos en la alacena.
Ahora el movimiento. Observar el temblor
de la pared al retirar los cuadros, los muebles,
el juego inmaculado de las sábanas, los baúles,
la escalera de bronce y las jaulas de aluminio.
Queda en el suelo el polvo centelleante, la bruma
apretada, la cal y la música. Queda el espacio
expuesto y vacilante, ansioso de huellas y golpes,
conforme, finalmente, con su destino de tránsito.
(De El Bálsamo de la Indiferencia)
De Duellum
Hay una mansión rodeada de luciérnagas
donde el tiempo transcurre con pereza
y el aire denso enmohece
como si padeciera perlesía.
Hay una mujer muy pálida
con rostro noble y pelo ensortijado,
traje de vísperas y mirada somnolienta.
Hay una taza de té con hebras encrespadas
y un poso de serpientes con la lengua de arena.
Hay un teléfono descolgado.
—
No. El señor no está en casa.
Parece que se encontró con la muerte
de manera temprana, y juntos huyeron.
Quizá demoren hasta que les alcance la hora.
[ La
imagen la devuelve a las ensoñaciones
de los paisajes circulares del infierno,
los círculos concéntricos,
el áspero rumor de los grilletes
y las cadenas; a la inercia de la tribu
recorriendo los gélidos bancales
de la niebla, las confusas jornadas
del éxodo
bajo la geometría luminosa,
la edad intermitente de los astros,
hasta el final absurdo pero inevitable:
el solitario derrumbe,
el vagido de la desolación,
la tristeza detenida en los últimos
peldaños del destierro
]
También están las sombras y el orzuelo
de sus nombres [
Edith, Elizabeth, Nicolás
y desde luego Emir]
menguando,
igual que se diluyen el veneno y el éter
o tiembla un aguijón frente a sí mismo.
Puro deleite del instante
que se aniquila,
desaparece
y después nada.
[ Así es la muerte de dios y la vida del hombre ]
[ El silencio del
cielo me aterra. Igual que el dibujo caligráfico de algunas palabras con las que
intento imitarlo — dibujar sus nubes, sin éxito ]
Siento miedo, igual que frío, calor o lujuria. Siento la enfermedad
apurándose en agotar las múltiples escenificaciones de la asfixia. Es una
exhibición tan cruel como irrelevante.
Siento la verdad como un tren que se aleja y el pánico como su único
pasajero.
[ Te lo dije poco después de abrazarte y poco antes de partir de viaje. La miseria es un mal destino ]
De Alrededores o la Mansión de Las Luciérnagas
El paraíso es sólo un soborno
y su precio un exceso.
[
Dicen que por una promesa de amor
corrió la sangre por las callejuelas
de Albac, y el traje de Elizabeth,
tras la noche de bodas,
nunca volvió a ser blanco
pero el vecindario respiró tranquilo
]
Deseó emigrar al
Sur
y lo hizo
sabiendo que sus uñas
olvidarían fácilmente
las veteadas paredes de
la mina.
Ahora la rodea el lujo
inútil
de un teléfono negro
y unas luciérnagas
intermitentes
—El
señor no está en casa. En realidad
la casa está sitiada por espectros
y le asusta que el sol
alumbre
con usura, y que las
salvillas
pesen como si fueran
losas
inamovibles, con
relieves sórdidos
que ilustran una guerra
antigua
repleta de cadenas y brillantes
antorchas.
[
Emir la obsequió con unos encajes
de almíbar y le habló del poder ilimitado
de la belleza.
Ella se sentía entonces liviana
y así imaginó que sería la
felicidad
]